Ella me dijo, sin más ni más: Quiero decirle que usted ha sido mi amor platónico desde la primera vez que lo vi. Fue en año 2001.
Nunca me gustó el griego sotanudo ese, menos para los amores.
No supe más que responderle:
Sinceramente, es una pena, siendo que prefiero los amores daltónicos.
[Me refiero, predeciblemente, a la variable roqueana de lo daltónico, no a los amores que no distinguen colores. Aunque, puesto a elegir entre un amor platónico y un amor incapaz de detenerse en los semáforos, elijo este último.]
Nunca me gustó el griego sotanudo ese, menos para los amores.
No supe más que responderle:
Sinceramente, es una pena, siendo que prefiero los amores daltónicos.
[Me refiero, predeciblemente, a la variable roqueana de lo daltónico, no a los amores que no distinguen colores. Aunque, puesto a elegir entre un amor platónico y un amor incapaz de detenerse en los semáforos, elijo este último.]
